Versos derrotados

Por fin he terminado el curso de Mentoring. Un tema que me está resultando apasionante y, sobre todo, me ha hecho reflexionar sobre algunas conductas mías que , no por desconocidas para mi, no quería pensar. Existen herramientas. Siempre es necesario buscar herramienas.
 
Al final el futuro está en las ferreterías, después de todo.
 
Pero lo cierto es que para construir algo físico, lo que  vemos, necesitamos herramientas. Y profesionales que dirijan la obra. Podemos aprender a utilizarlas, pero son insustituibles, excepto para macgiver. Pues me temo que lo miso sucede para construir nuestra personalidad y hacernos con el "poder" de nuestras capacidades, desentarrarlas incluso como si fueran trufas. Al igual que ellas, me da la impresión que las mejores son las que están ocultas. Son las más exquisita de nuestra persona, esas que nunca mostramos excepto que nos escarben.
Claro que a veces, escarbando, no salen trufas precisamente. Pero también es necesario saberlo.
 
En este caso  hablo sobre todo de aptitudes que desconocemos o que creemos no tener y de otras que , porque nos ponemos en plan sobrado, damos por nuestras.
 
En el mentoring se pretende encontrar las trufas y dar instrumentos que mejoren las capacidades evidentes y ocultas de las personas. A nivel profesional no solo se necesitan conocimientos sino entrenar las capacidades.
 
Yo necesitaba, necesito ordenar mi "ferreteria" para conocer las herramientas desgastadas, las que estan en buen uso y las que necesito seguir adquiriendo.
 
Y la verdad, por una vez no me apetece decir aquello de la O´Hara: "ya lo pensaré mañana" y es que  a poco que me descuide hoy ya es mañana y no tengo tiempo casi.
 
Y hablando del tiempo, otra joya de, el siempre apasionante, Luis.
 
Al pasar de los años,
¿qué sentiré leyendo estos poemas
de amor que ahora te escribo?
Me lo pregunto porque está desnuda
la historia de mi vida frente a mí,
en este amanecer de intimidad,
cuando la luz es inmediata y roja
y yo soy el que soy
y las palabras
conservan el calor del cuerpo que las dice.

Serán memoria y piel de mi presente
o sólo humillación, herida intacta.
Pero al correr del tiempo,
cuando dolor y dicha se agoten con nosotros,
quisiera que estos versos derrotados
tuviesen la emoción
y la tranquilidad de las ruinas clásicas.
Que la palabra siempre, sumergida en la hierba,
despunte con el cuerpo medio roto,
que el amor, como un friso desgastado,
conserve dignidad contra el azul del cielo
y que en el mármol frío de una pasión antigua
los viajeros románticos afirmen
el homenaje de su nombre,
al comprender la suerte tan frágil de vivir,
los ojos que acertaron a cruzarse
en la infinita soledad del tiempo.

CABO SOUNIÓN
(Luís García Montero)

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curiosa
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