Mamá

                                      
Dejó de respirar el 23 de diciembre, pero desde el 27 de febrero de 1924 su vida estuvo llena de vicisitudes no siempre gratas. Sin embargo reía siempre. De niña tuvo muchos problemas por reirse de la monja de turno, o de los desperfectos que causaba su  madre cuando la perseguía para darle unos azotes   multiplicando asi el castigo que iba a recibir. Pero no podía parar de reirse. Creció y de joven todos la reconocían por su risa contínua, su ironía y ganas de bromear. Entre bromas conoció a mi padre, un chulito guapo que le hacía reir con su seriedad y mirada trascendente sobre la vida a la que ella quitaba importancia con su risa.
  Y llegamos los hijos. Yo la tercera de cinco y la enfadábamos con nuestras ocurrencias: cortarnos las pestañas dejando unos ojos extraños a su mirada que no daba crédito, dormir con el chicle y amanecer con el pelo pegado a él hasta tener que cortarlo haciendo un total estropicio en el peinado con las consiguientes risas en la escuela, atar los cordones de los zapatos unos con otros y decir aquello de "no puedo andar".. en un momento en el que el tema de la polio estaba en su máximo auge, pelearnos con el abuelo  haciéndole trampas al parchis…Cinco hijos con los que ella estudió geografía, ciencias naturales, matemáticas… tomando la lección antes de ir para la cama y explicando las cosas que no entendíamos. Haciamos los deberes en la cocina mientras ella preparaba la cena y recitábamos lo leído. Nadie se iba a la cama sin saberse la lección. Imagino que ella se la sabía también. Cada uno de nosotros con la materia que más aborrecíamos. La mía era geografía.
"Miss sonajero ", con siete meses. Soy la que más sonajeros he tenido de todos los hermanos. Todavía hoy me gustan con locura.
Fueron tiempos difíciles, de poco dinero, con mucho trabajo pero recuerdo que mi infancia fue feliz, mucho. Tambien mi adolescencia. Recuerdo una vez siendo adolescente que tiré una carta partida en trozos dirigida a una amiga donde le contaba confidencias y mi padre los vió y dijo.. "mira, vamos a ver que se cuenta" y mi madre dice "ni hablar, son cosas de ellas, no tenemos nada que leer , dejala ahí". Yo lo escuchaba todo con el corazón en la boca y llamándome imbécil por haberla dejado tan a la vista aunque estuviera en pedazos. Pero se hizo lo que ella dijo y no pasó nada. A saber qué confidencias habría hecho yo con ¡15 años!… la cuestion es que desde siempre el respeto por las cartas y papeles que no son míos es absoluto. Jamás se me ocurrirá abrir una carta que no va destinada a mi. Es que ni siquiera despierta mi curiosidad. No lo he hecho nunca y sé que no lo haré. Para mi es sagrado. Creo que me dio una lección sin ella saber que yo lo estaba oyendo todo.
 
Ahora se agolpan miles de recuerdos, algunos incompletos pero llenos de imágenes y sensaciones y revivo muchos de los momentos que pasaron intrascendentes cuando sucedían.Muchas de las letras de las canciones de la copla me las sé de escucharla a ella cantar mientras hacía los trabajos de la casa. Cantó hasta la muerte de mi hermano mayor. Desde entonces nunca más la volví a escuchar. Pero para entonces ya éramos todos adultos y teníamos nuestra propia vida.
Cuando quisimos darnos cuenta, se había hecho mayor y aunque no cantaba seguía riendo por las miles de anécdotas y situaciones. Se reía con ganas. Y es que tiene dos hijas que son como ella. Hacen el comentario oportuno en el momento preciso. Alguien heredó esa faceta. Cantar, cantamos todas de pena, nunca sabremos qué hacer con la copla. Ni con los tangos que mi padre cantaba recreándose mientras se afeitaba a brocha hasta que le quedaba la cara sin un solo resto de barba. Unas mejillas suaves y lisas que frotaba con nuestras caras dejándonos olor a floid. Esos tangos que además bailaba como nadie. Sus hijos son unos patosos también en ese sentido. Ahí las chicas salimos más al padre porque a ella, bailando, tambien le entraba la risa y perdía el compás. Lo que enfadaba al guapo chulito, que se fue hace siete años dejándola sin mucho sentido en su vida, según ella misma decía, y quería irse de una vez aún cuando era la reina de la casa y tenía todos los mimos y cuidados del mundo.
 
Y ayer a las tres y media, dejó de respirar y se quedó dormida para siempre. No sonreía como aqui. Pero hasta durmiendo su gesto era apacible.
Lo mejor de todo esto es que estuvo consciente, feliz  y no sufrió nada. Al menos desde el punto de vista médico.
Hoy 24 de diciembre, incineramos su cuerpo.  Pero nos queda su risa, su contínua carcajada y lo mucho que nos hizo reir con su carácter y su ironía sin malicia.
 
No creo que esté en ningún sitio, pero lo que es seguro es que vive en nosotros. Quizá eso sea la algo parecido a la  eternidad de la que nos hablan.
 
Lo mejor es haber podido disfrutar de que ha estado aqui y saber que ella es quien ha hecho el milagro de que yo también esté
 
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4 comentarios en “Mamá

  1. Lamento tu pérdida, especialmente en estas fechas. De las personas que nos dejan queda el recuerdo: aunque no estén en ningún lugar, mientras la memoria dure siguen existiendo. Eso seguro.Ánimo…

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