El silencio sonoro

 

En la actualidad lo único que preciso para creer que no todo está perdido en la justicia y que esta democracia realmente tiene visos de serlo, es ver a Trillo declarando frente a un juez que le pregunte todos los por qués cuya única  respuesta  todos sabemos que es tapar lo inconfensable de la realidad en la que se desplazaban la fuerzas armadas  y los tejemanejes ministeriales.

Ahora se oye el clamor aunque tengamos las cuerdas vocales cortadas por el silencio político ,se escucha sin poder taparlo por más que intententen justificar de tal manera los hechos que las palabras hacen más viles de lo habitual a quienes las pronuncian.

Sin embargo desde la justicia no parecen encontrar indicios de responsabilidades políticas y no consideran necesario ni siquiera que los que dan las órdenes las expliquen y ahora seguramente se condenará, aunque no de manera muy dura, a quienes las cumplieron a rajatabla. Pero bueno, seguramente en dos años todos fuera y aqui paz y luego gloria y el caso se cierra  y el trabajo está cumplido. Si algo tan evidente como lo que sucedió, algo que todos vimos, algo cuyos testimonios tenemos delante un día y otro  es imposible de sacar la verdad a la luz , qué podemos esperar de nuestra historia de la que ya apenas quedan supervivientes  y se está esperando, supongo, a que desaparezcan todos para maquillarla adecuadamente en los anales donde se almacena para generaciones posteriores.

Y esto sucede en una democracia. Con la rabia que yo siento lejos de lazos afectivos con las víctimas, no quiero imaginar los sentimientos de los familiares porque me temo que mi imaginación no alcance el nivel de coraje y dolor.

Reproduzco este artículo de Carnicero porque  creo que cualquier cosa que pudiera decir yo podría ser considerada delito por los delincuentes y no quiero que mi rabia me nuble más el entendimiento.

La insostenible pasividad de Trillo

Cuando ha quedado visto para sentencia el juicio penal por las responsabilidades derivadas del accidente del Yak 42, la evidencia de que una decisión política provocó nada menos que la falta de identificación voluntaria de muchos de los cadáveres de los militares españoles fallecidos en el accidente se hace insoportable. Y mientras tanto, el ex ministro de Defensa, Federico Trillo, ha desaparecido dejando a todos sus subordinados en el aire. La sentencia, previsiblemente condenatoria, promoverá la cobardía moral de observar a quien dio las órdenes la cárcel para quienes las cumplieron.

Hay un principio de la épica militar que también debiera contaminar los comportamientos políticos: el superior se hace cargo de las responsabilidades derivadas del cumplimiento de sus órdenes por parte de sus subordinados.

Con amenaza de penas de cárcel importantes para sus subordinados, el ex ministro no quiere dar ninguna explicación sobre los hechos que ya son inconfensables. Y la fiscalía no tenía más remedio que pedir la declaración del ex ministro. Pero eso no ha ocurrido.

Ha quedado claro que los militares y forenses castrenses desplazados a Turquía para repatriar los cadáveres recibieron presiones para traerlos a España cuanto antes y desde la consciencia de que los plazos establecidos en las órdenes no podían ser cumplidos.

Ahora llegan las explicaciones políticas imposibles. La idea de que se quería aliviar el sufrimiento de los familiares de las víctimas entregándoles unos cuerpos que no se correspondían con ellos es insoportable. Según ese principio, los fines justifican los medios y quienes actuaron de manera tan irresponsable lo hicieron por piedad.
Es la última falta de respeto a unos militares que dieron su vida por España. El escándalo no se corresponde con la falta de reacción de las elites políticas de este país que debieran declarar la indignidad de quienes tratan de exculpar la ex ministro y lo justifican.

Carlos Carnicero es periodista y analista político

"Les pido que griten conmigo ¡Viva Honduras! Perdón, esto ha sido un lapsus (…) Vamos a hacerlo como Dios manda. Caballeros ¡Viva El Salvador”.

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Un comentario en “El silencio sonoro

  1. Totalmente de acuerdo contigo, pero tengo mis dudas de que ese caballerete de "manda huevos" pise una celda de castigo. Ni ese ni su jefe en aquellos momentos. Al final, la culpa, como siempre, será de los muertos, por haberse muerto y liar la que han liado. Manda huevos, como diría el brigada Trillo.Besos.

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