8 DE MARZO: CON PASADO. ¿CON PRESENTE? Y SIEMPRE CON FUTURO

Durante años hemos pensado que las cosas que con grandes esfuerzos hemos conseguido ya estaban consolidadas       CRISTINA ALMEIDA | 07/marzo/2012

La interrogante que he puesto tiene mucho que ver con las polémicas que han surgido en estos días y que bajo el tinte de preocupaciones culturales, superación a priori de la desigualdad, y sobre todo barniz de “igualdad conseguida” nos pretenden retrotraer a otros momentos. A tiempos en los que las mujeres no contábamos con ninguno de los sectores que hoy protagonizan la sabiduría del lenguaje, de la igualdad consentida, y de la identidad con un modelo masculino de ser y de comportarse, sin pensar en que ese modelo es tan negativo, que si además lo asumimos las mujeres, lo único que haremos es acrecentar los problemas y no abrir el camino para un mundo más igualitario y justo.

Es verdad que durante años hemos pensado que las cosas que con grandes esfuerzos hemos conseguido ya estaban consolidadas. Incluso nos hemos resignado a que los “ahorros” de todo tipo se iniciaran por la igualdad. El presidente Zapatero aprobó, como primera Ley de su Legislatura, la Ley de Igualdad. Por cierto, la dimos tan por hecha, que se nos olvidó que el PP la recurría al Tribunal Constitucional. Pero también nos callamos cuando, para “ahorrar”, lo primero que eliminó el Gobierno socialista fue el Ministerio de Igualdad. No lo habían casi iniciado, ni dotado, y ya lo suprimían. ¡Claro! ¡Para lo que servía!

Siempre se ha usado a las mujeres para eliminar derechos que no enfadaran a toda la sociedad, sino solo a pocas de ellas. Lo más importante era que si había trabajo fijo, fuera para los hombres. El precario, para las mujeres. Si había que compatibilizar las cargas familiares, eran las mujeres las que tenían problemas y se les daban medias jornadas, que a su vez son menos salarios, menos prestaciones de desempleo y menos pensiones contributivas.

Han sido muchos años de luchas y de conquistas progresivas en lenguaje integrador, en educación, en la interrupción del embarazo, en intentar la paridad, incluyendo tanto los órganos de intervención política o económica, por entender que la mayor participación de mujeres es un elemento de democracia que mejora a toda la sociedad. También en los órganos de administración de las empresas, donde se ha demostrado que la mujer promueve un mejor ambiente de respeto y de compañerismo; que mejora la calidad de las relaciones humanas, produciendo mejores resultados económicos. Sin embargo, en las empresas privadas no se consigue mejorar la representación de mujeres de forma voluntaria, estimando las autoridades europeas la necesidad de establecer cuotas obligatorias para la integración de mujeres en los órganos de participación.

En nuestro país, lo que en principio esperábamos que fuera una “alternancia de gobierno”, que es una forma más de fomentar la democracia, lo que de verdad ha emergido, es un retroceso de sociedad, que en lo que se refiere a las mujeres, nos está llevando, o intentan hacerlo si les dejamos, a un pasado no muy lejano de confesionalidades religiosas, de represión cultural y de abandono social y recortes sociales que a las que más perjudican son a las mujeres.

Parecen cosas inofensivas, que comenzaron con aquellas palabras de la ministra responsable de Igualdad, Ana Mato, que se refirió a la muerte de una mujer por su pareja como violencia domestica, y al reprocharle que no usara el termino de violencia de genero, no tuvo ningún reparo en decir: Bueno da igual violencia doméstica, violencia familiar o de género. Pues no es lo mismo, señora ministra. Y hay mucha lucha detrás del término violencia de  género, aunque también exista violencia familiar, para hombre, personas mayores y niños en ese ámbito familiar; o violencia domestica, cuando se ejerce en el ámbito del hogar conyugal y familiar.

Los términos a utilizar son muy importantes, y mas en usted, señora Ministra, que debe ser la mayor defensora de todos y cada uno de los términos que se refieren a la violencia contra las mujeres, la mayor lacra de nuestros días en la sociedad supuestamente igualitaria en que vivimos.

Y ya, animados por esa condescendencia de la ministra, salen los sabios de la Academia de la Lengua  que desde sus sillones apolillados en el tiempo y con tan poco color femenino, añoran que se intente utilizar el leguaje como integración de las personas hombres y mujeres, y visibilizar sus sentimientos y sus diferencias.  Ellos, y muchas de ellas, anteponen su comodidad de lenguaje anquilosado y por supuesto masculinizado, que da por bueno todo lo que termina en “o” y demoniza lo que termina en “a”, aunque sea tan legitimo o mas, (porque somos mas mujeres), su uso.

Lo siento señores sabios y señoras añadidas a lo sabios, por mucho que ustedes lo vean así, yo no he llamado nunca abogada a un compañero masculino, y espero que tenga derecho a sentirme abogada, aunque hasta hace muy poco no tenia derecho a serlo por ser mujer, ni a ser jueza porque lo teníamos prohibido por Ley. Así que aunque a ustedes les suene incorrecto, a las mujeres con compromiso, y con sentido de la solidaridad de mujer nos suene divinamente y cuantas más, mejor.

En este retroceso en el tiempo, me merece especial atención el nuevo ministro de Justicia. Hablo del atentado  a la prevención del embarazo no deseado  que hizo también la ministra Ana Mato mediante el asunto de la píldora poscoital, que siendo España casi de los últimos países europeos en darlas sin receta,  puso en duda los informes de la Organización mundial de la Salud y manifestó su intención de recabar un informe nuevo, sobre los efectos de dicha píldora. A quién se lo va a pedir  ¿al señor Rouco Varela?

En cuanto al señor Gallardón, empezamos recordando a su padre, que ya nos retraso a las mujeres españolas el tener derecho a la interrupción del embarazo durante más de dos años, mediante la interposición del recurso previo de inconstitucionalidad. Fue el propio Tribunal Constitucional quien introdujo la protección de la salud psíquica de las mujeres,  causa de casi el 98% de las interrupciones de embarazo que se hicieron, obligando a las mujeres a tener que alegar problemas de salud psíquica, que después era aprovechado en muchos casos por sus propias parejas para obtener divorcios, custodias etc.

Cuando ya se consigue una ley de plazos, sin hipocresías, nos viene de nuevo el señor Gallardón y anuncia que antes de diciembre tendremos una nueva Ley y que en palabras suyas, va a ser una ley de Protección de la maternidad. ¿Cómo? Si estamos hablando de interrupción de embarazos y no de maternidad. Es que según él, existe coacción para ser madres. ¿Por quién? ¿Por las empresas que las despiden?

Bueno pues así se nos presenta este ocho de marzo, con un negro presente. Pero  nada ni nadie impedirán el avance de las mujeres, y por eso con esa situación  oscura en el día de hoy, sigo reclamando un gran futuro de igualdad real de las mujeres.

Y de la reforma laboral, mejor no hablamos pues están enfadados todos. Bueno, pero nosotras MÁS.

Cristina Almeida es abogada y ha sido diputada en el Congreso con IU y candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid  y senadora con el PSOE

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