A día de hoy, solo puedo decir…

papel digno de la época. No limpiaba tampoco
papel digno de la época. No limpiaba tampoco

Ayer paseándome por la red encontré de casualidad una canción de Aute que hace mucho que no escucho y en YouTube un concierto entero que me enganchó hasta las dos de la mañana. Hoy una amiga de Facebook me pregunta si estoy bien porque una de las canciones, incluí muchas en mi face, habla de los recuerdos de la adolescencia.

Me llamó la atención su pregunta. Supongo que me imaginó añorante, a mis taytantos  muy largos,  y sonreí imaginando “mi adolescencia” esa edad conflictiva tan llena de inseguridades, donde vende el “ser más guapa que”, cuando ves que “el que te gusta” ni te mira  e intuyes que todas  tus amigas tienen muchos más encantos que tu misma y parece que la vida solo se centra en  esos domingos de pasear incansables mirando a fulanito y menganito, que ni puñetero caso nos hacían, y llegabas a casa pensando  a ver si llega otro domingo y sucede algo diferente. Menos mal que por la semana tenía que estudiar para no perder becas y eso daba poco tiempo a jueguecitos, aunque  en realidad había tiempo para todo incluso para hablar interminablemente de nada.

Hablar de chicos desde la más absoluta ignorancia. Entrar en grupos de jóvenes que  pululaban en torno a la iglesia, iban de campamentos y encuentros espirituales y  a todas esas cosas en las que jamás me dejaron participar en casa, hoy sé que por suerte para mi. Pero ellos hablaban un lenguaje que yo no  era capaz de traducir, parecían profundos y llenos de inquietudes. Establecían relaciones amorosas en las que siempre había alguien llorando…

Y todo eso lo miraba atónita y sintiendo que yo no podría alcanzar jamás aquellos niveles. Siempre fui una adolescente desubicada y  ahora soy una mujer desubicada también a  mi edad. La diferencia es que ahora no me importa, es más, me encanta. Pero entonces la sensación de ser un bicho extraño y poco digno de merecer experimentar tan profundos sentimientos  me hacía llegar a casa  cada domingo más perdida que el anterior. Buscaba la profundidad en los libros. Libros espantosos de cuyos títulos preferiría no acordarme, “el libro del joven” “el libro de la joven” el diario de anamaría y el de Daniel… los devoraba buscando entender algo!Libros  de Martín Vigil, comportamientos adolescentes……..Qué despropósito!!  Estaba en el grupo equivocado!

La cuestión es que con esos libros tan sesudos me pasaba como con los grupos: usaban un lenguaje que yo no entendía  por más que me esforzaba en  entender y  me provocaba la misma desazón leerlos que hablar con aquella gente.

Mi ignorancia me convirtió en intransigente y , aunque no lo recuerdo, puedo imaginarme dictando sentencias incomprensibles sobre lo divino y lo humano. Una era yo, que no me gustaba porque era primaria en las emociones, y la otra, que mandaba más, la que  prejuiciaba todo lo que no entendía.
Y como no entendía nada….

Total que cuando  con dieciséis se me acercó alguien que me hacía temblar, en lugar de dejarme temblar me parapetaba en las monsergas aprendidas y cuanto más intensas eran mis emociones y sensaciones físicas, más me enfadaba conmigo y con el mundo. Y como el mundo entonces era él, pues me enfadaba con él. Y creí que me había hecho mayor cuando las lágrimas y las palabras que no entendía se hacían más frecuentes.

Cuanto daño hizo esa maligna institución llamada iglesia!. Solo cuando sobre los 16 años la abandoné, pero muy lentamente, conseguí  quitarme ataduras y telas de araña en las que estaba atrapada.

Y lo peor es que nos intentan vender los setenta como algo fashion  y añorable!. Lo único que tenían de bueno es que no teníamos arrugas pero la mente, al menos yo, la tenía para lifting!.

Nunca lo hice en persona, debería tal vez, pero pido perdón a quien con tanta paciencia me sufríó dos años  cuando éramos unos críos jugando a mayores.

Se podían decir tantas cosas!

Obviamente  no es la adolescencia lo que añoro. De hecho no añoro nada. Me habría gustado vivir esos años de otra manera, más relajada y sin los putos fantasmas de la culpa encima, pero claro eso es lo que sé hoy .

Y, como dice Aute ,”queda la música..” Aunque su música no haya sido la de mi adolescencia sino más bien de la época en que los fantasmas  ya se habían esfumado.

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s