Y mientras aprendo el alfabeto del grito..

Bermeo en fiestas de Andramari
Bermeo en fiestas de Andramari

No hacía ni un mes que había llegado al País Vasco cuando se produjeron los crímenes en Vitoria-Gasteiz.

Para mi no era nuevo el tema del País Vasco y sus Estado de Sitio porque cuando estudiaba COU estaba en un grupo de lucha que nos reuníamos para hablar de esos y otros miles de temas sobre la política franquista. Asambleas interminables entre el humo de los cigarrillos y redacción de panfletos para concienciar a la gente que, como ahora, parecía al margen de lo que estaba sucediendo en España. Franco se moría. Pero solo su cuerpo.

Una vez me paró una pareja de grises para echarme piropos y preguntarme a donde iba en plan “acaramelado”. Yo llevaba debajo del jersey y del tejano un montón de panfletos para tirar desde una ventana del instituto al patio. Solo querían ligar y yo no entendía nada. Mis jerseys eran enormes siempre porque nunca sabía qué iba a meter debajo, aparte de mi misma.

Las siglas se amontonaban en mi cabeza todas con ideas similares pero distintas, al parecer. Nuestra eterna izquierda que no  ha aprendido. No hemos aprendido.

Pero ese tiempo me sirvió para descubrir la música y Lluis Llach fue uno de mis descubrimientos más importantes  y me aprendí sus canciones escuchándolo  comprándome sus discos, aunque apenas tenía dinero e incluso un día fui al Monte de Piedad a ver si podía empeñar unos anillos, cadenas  y una pulsera de plata, para poder comprar libros y discos en Musidora, mi librería de referencia.

Se rieron de mi y me dijeron que me marchase con mi plata. No era mayor de edad, pero sobre todo se rieron de que quisiera empeñarla para comprar libros.

Fue una época extraña en la que caminé  mucho sola y dejé de ir a las discotecas.

Seis meses después de terminar COU y la selectividad mi vida cambia por completo y me voy a vivir al País Vasco. Inmersión en el problema de lleno. Y poco más de 20 días después sucede la matanza de Gasteiz, que todos hicimos nuestra. Las manifestaciones, las huelgas generales, el silencio, la guardia civil obligando a las tiendas y bares a abrir sus puertas por las que nadie entraba. El pueblo fantasma que se congregaba  en silencio en la plaza. El miedo a las cargas de los antidisturbios, barricadas, portales que se abren para  dejarnos subir corriendo a un piso que se llenaba de gente que huía. Silencio mientras esperábamos que se fueran los antidisturbios. El corazón a mil por hora….Mil veces en otras tantas manifestaciones en Bermeo, en Bilbao.. todos en la calle y, entre una y otra, reuniones para discutir estrategias, siglas y más siglas, asambleas…

Seguía  la misma  historia asamblearia y de múltiples siglas aunque las circunstancias allí  eran tremendas por  la violencia usada contra el pueblo en general, cuando hacían salir a la gente en fila de los bares y  golpeaban de manera indiscriminada, cuando preparaban detenciones nocturnas con gran dispositivo policial …Era la provocación del que tiene el poder y abusa de él.

Fue una época viva, impresionante, con muchos muertos, muchos encarcelados.. y mucho miedo también.

Cuando salió a la venta el disco de Campanades a Morts lo compré inmediatamente y canté todas sus canciones una y otra vez  llorando de manera incontenible, hasta aprenderlas de memoria.

Y sigo llorando hoy mientras miro el documental y canto bajito.

Seguimos en un bucle casi cuarenta años después. Siguen sin pedir perdón de lo que  sin duda fue un aviso de la  sangrienta transición que nos esperaba, pero que nos venden como modélica, con el sanguinario  Fraga al frente y su ayudante, que no se quedó atrás, Martín Villa.

La excusa  que esgrimió el poder para reprimir a los obreros fue  “el momento de crisis económica”. Como ahora.

Por  eso sé que estoy en un bucle permanente.

En el cuarenta aniversario volveremos a reivindicar que alguien pida perdón y tampoco nadie pedirá perdón. Nunca lo harán.

Ni bambis ni cuervos…

Y volveré a llorar como hoy, como entonces, desconsoladamente.

Assassins de raons, de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres diez
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries

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