La nave partió

He venido aquí para tratar de encontrar las palabras con las que plasmar 43 años de vida pero al final rectifico y pienso que deseo quedarme yo sola con ellas.

Cuando me preguntaron qué me decidió emprender aquel viaje lo primero que vino a mi cabeza fue “que es limpio… por dentro y por fuera, sin dobleces”. Y no me equivoqué nunca, vuelvo a corroborarlo a día de hoy. No fue magia y romanticismo fue saber sostener el día a día sin fisuras, apoyándome en cada decisión, no permitiéndome que abandonara mis propios proyectos que, demasiadas veces, supusieron sacrificar su propia comodidad e impidiéndome que tomara decisiones basadas en su bienestar “si quieres terminar odiándome, deja de estudiar” fue la respuesta a un planteamiento que hice al respecto.

Fueron años de coloridos diversos sin los cuales la vida sería un páramo, pero nunca nos sentimos en la negrura del túnel. Siempre fue luz compartir los días y ahora, solo un día después, rodeada de todas las cosas llenas de vida e instantes que tejieron estos años, me cuesta imaginar que se ha parado nuestro tiempo.

De poliédricos e imperecederos matices toda tu vida, siguiendo a Machado, te fuiste ligero de equipaje y sin ruido, porque jamás quisiste molestar ni causar dolor .

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Va a ser difícil seguir pero no estaré abatida. He tenido cuarenta y tres años para cimentar mis fuerzas. Todo un lujo, sin precio, compartirlos contigo.

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2 comentarios en “La nave partió

  1. A través de ti le aprecio como amigo cercano. Me interesa mucho como describes vuestro viaje de más de cuarenta años y aprendo de vosotros. Amor en libertad e independencia. Sin “magia ni romanticismo “. Así se crean los vínculos más fuertes y duraderos. Un abrazo. Luis

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    1. Resulta dura la interrupción brusca del viaje, pero ya sabíamos que sucedería pronto y lo teníamos asumido. Así y todo no es fácil. Nadie dijo que la felicidad fuera eterna y ahora me queda todo el tiempo vivido desde el primer momento en que nos vimos. Cuando la tristeza me invade la dejo fluir y luego desaparece dando paso a una sensación de haber sido una persona privilegiada. Y de seguir siéndolo aún ahora.
      No se puede pedir más, lo sé.

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