Día: 2 abril, 2019

Un pourparler

El sábado fui a ver la recién estrenada película de Almodóvar. Me apasionó. Llevaba mucho tiempo falta de estímulos positivos así que fue una auténtica eclosión de emociones. Cine bien hecho, bien dirigido, con un guión sólido y perfectamente medida al milímetro cada una de las secuencias y los personajes que intervienen. Yo me he olvidado por completo de que es Banderas el intérprete

Hacía mucho que no salía del cine con esa sensación. Hacía mucho que no iba al cine a ver una película, todo hay que decirlo.

Para mi tiene un pequeño fallo de época y es que en los cincuenta y sesenta solo se escuchaban canciones en español. Es imposible que sonara en la radio, cuando era un niño, la  bellísima canción de Mina “Come Sinfonía“. Ni siquiera en nuestro idioma. Pero no importa nada. Al menos a mi porque merece la pena escucharla.

Me encantaron los guiños sobre los libros que leía: Chirbes, Vuillard, Gómez Arcos, Pessoa porque forman parte de mi bagaje de lecturas más importantes. Pero es alentador que los libros entren en las escenas del día a día cuando parece que cada vez tienen menos importancia. Y que no sean autores fastreading (ignoro si existe el término), aunque poca gente se haya dado cuenta de la presencia de los libros en la película. Solo mis amigos más cercanos me  comentaron esa presencia. Compartimos, también, lecturas.

Los guiños al cine de Passolini, a los huevos del toro en la carretera… al deseo en suma. Siempre el deseo como motor, instinto primario  básico para vivir.

Y ese deseo se plasma en el largo primer plano del beso de Banderas y Sbaraglia que produce cosquilleo, como los besos censurados que aparecían en los cortes de la película Cinema Paradiso, o  en el baile de Burt Lancaster en el Gatopardo

Una escena impagable desnudando la pasión por encima de estereotipos sociales.

Salí entusiasmada porque disfruté dos horas de cine llenas de sensibilidad, sin concesiones  a la sensiblería, que pasan en un vuelo.

El lunes, ya en el trabajo, una compañera me pregunta si fui a ver la película y si me había gustado porque ella había visto críticas a favor y quería verla. Le comente mi entusiasmo  y  que son dos horas en las que no debe perderse ni un fotograma. Su respuesta “uys no sé si podré estar tanto tiempo sin hablar”.

Y para terminar la mañana por decir algo  a otra compañera, que se incorporó hace poco al equipo y de la que desconozco casi todo, comenté si había visto la película de Almodóvar . Su reacción me informó más y mejor que un mes de charletas banales “noooooo… por qué?” (iba a ir a verla?), estaba implícito en su gesto horrorizado.

Un pourparler, contesté  sonriente antes de irme.

Supongo que lo hice para confirmar lo que  en el fondo ya  presentía.

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