Sin pies ni manos

Los domingo por la mañana me obligo gratamente a trabajar media hora con un entrenador personal que no me da tregua y consigue que haga cosas que no creía poder. Poco a poco mejoro algunas cuestiones como equilibrios, fuerza, etc.

Y venía yo ayer tan contenta con las endorfinas a tope cuando me tropiezo una familia joven , engominada y vestidos de domingo, con ropas de color pastel y un niño  de unos cuatro años con calcetines de pompones hasta las rodilla , del mismo color que su chaqueta, pelo con raya al lado todo brillante caminando hasta el centro del pueblo para participar, deduzco, en la procesión del domingo de ramos. Venían de una zona de casas que no se caracterizan por su poder adquisitivo, y la cara de orgullo del padre era todo un poema. La madre caminaba un paso mas atrás, vestida de color beige, y apenas si pude ver su cara.

A ver quien la tiene más larga

Aceleré el coche, me metí en el garaje y ya no salí de casa en todo el día. Pensé que  solo era una pesadilla que me había cambiado el año.

Por la tarde algunos amigos a quien les comenté la visión me corroboraron que en su zona  la gente salía en manada a la procesión de ramos vestidos todos de domingo años cincuenta..

Así que no fue solo una visión puntual.

Hoy tampoco habría salido de casa si no fuera lunes y tuviera que trabajar. Estoy deseando volver a encerrarme. De hecho estuve en mi despacho sin casi decir buenos días haciendo un montón de trámites sola.

Al final de la mañana le pregunté a una compañera que  me había comentado su interés por la película de Almodóvar si había ido a verla y confesó que no, que a su chico no le apetecía porque “a él Almodóvar…” y no iba a ir sola.

El machus hispánicus no acepta a Almodóvar, no vaya a ser que sea contagioso y se afloje cualquier tornillo inesperado. Es algo habitual escuchar esa frase mientras sus novias, esposas y/o amigas con roce reconocen ser fan a ultranza del director. “yo soy almodovariana”, es el contrapunto, y añaden “aunque confundo sus películas y no me acuerdo bien de los títulos”.

Acabáramos.

Y a mi no sé lo que me da mas repelús pero se incrementan las ganas de encerrarme en mi casa y no hablar con nadie de nada.

Solo pienso en estos cinco días que estaré en mi mundo. Creo que la gente se da cuenta de que no tengo ganas de hablar de nada.

Me alegro.

 

 

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