Categoría: sentimientos

Ultracuerpos y carcundia

Ayer hablaba con mi profe de yoga de mi juventud cuando sabía lo que no quería de manera muy clara, pero desconocía la alternativa para imaginar lo que  quería. Tenía diecinueve años, trabajaba y, como  soñaba con ser periodista, también estudiaba.

Yo que  había sido una enamorada de las disco y de bailar sin parar, dejé de ir con mis amigas porque odiaba formar parte del “ganado” que bailábamos en la pista mientras los de la barra y el cubata nos iban catalogando. Me daba asco el ambiente y como no podía decir por qué, oficialmente en casa salía con mis amigas pero en realidad paseaba toda la tarde a lo largo de la playa entre matrimonios que caminaban de ganchete mirando al frente mientras él escuchaba la retransmisión del partido con un auricular. Luego critican lo del móvil de ahora, como si fuera una novedad. A veces saludaban a otras parejas idénticas y ellas hablaban de sus cosas mientras ellos comentaban las incidencias futbolísticas con total entusiasmo.

En mi soledad paseante tenía mucho tiempo para observar lo que ocurría a mi alrededor. Calzada con carapijos y un macuto de recluta al hombro con algún libro dentro, me sentía al margen de todo aquello y pensaba que yo no quería un futuro así… pero el resto de las puertas a otro futuro distinto, si es que existía,  parecían estar cerradas.

Esos  fines de semana en los que me refugiaba en la lectura y, en ocasiones en el cine,  llegaba triste a casa, pero más temprano, lo que encantaba a mi padre que no veía bien que estuvieramos en la calle más tarde de las 10 de la noche.  A mi me parecía que nada tenía sentido. No estaba triste por estar sola, que me gustaba y me gusta, sino porque  lo que veía  presente y futuro me  parecía un revulsivo para aceptar que “así  era todo desde siempre”.

Nada de lo que se esperaba que me gustara me atraía. Mis amigas se preocupaban y me animaban a volver a bailar, cosa que alguna vez hice porque estaba segura que la equivocada era yo, pero el regreso a casa era más desolador que el de mis paseos en los que leía, contemplaba el mar y a las parejas  en su ir y venir  modelo   Calle Mayor .

Ese era el futuro que me esperaba? No había nada más? Para eso estaba aquí? Pues conmigo que no contaran.

Hoy, varias décadas después, el modelo social  me ahoga casi tanto como entonces. Digo casi porque ahora además de años tengo  herramientas mentales  para defenderme y ya sé lo que quiero, pero mirando alrededor creo que los cambios del comportamiento social son meramente anecdóticos.  Ni siquiera mucha gente tiene más dinero que entonces, por más que intenten hacernos creer lo contrario.

La carcundia nos invade, como en la película . No hemos sabido crear otros modelos y la gente está plegando velas refugiándose en lo malo conocido, estimulados por el discurso reiterativo de los partidos políticos y el bombardeo de los mass media.

Ahora asumir las viejas reglas se llama ser políticamente correcto

Seguir el ritual está suponiendo a cada vez más gente  entrar en el club de consumo de las farmacéuticas porque la realidad choca con la publicidad de los socorridos coelho de turno encargados de decirnos machaconamente que si no somos felices es porque no queremos y es nuestra responsabilidad lograrlo porque está al alcance de nuestras manos y es culpa nuestra si no lo atrapamos.

Así están de colapsados los servicios de salud mental. Y es que no concuerda lo que dicen con lo que sientes, lo que vives. Y se crean cortocircuitos mentales.

Y  la evidencia de que existe el rodillo que nos deja inermes la tenemos en este retorno  social y gubernamental del franquismo de naftalina y porrazo que, igual que en los setenta, pretende hacernos creer que somos  wonderful mientras nos esquilman, no solo dinero, sin ningún tipo de remordimientos.

Como entonces.

Al final no me hice periodista. Me alegro.

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Indefensión

No sé si conseguiré que salgan las palabras. Es como un tapón que no deja que fluyan y no encuentro las que puedan expresar lo que quiero

Se me murió como el rayo, Victor, con quien tanto quería. Lo dice el poeta y lo incorporo porque es una realidad tras 18 años de amistad y risas. Era inteligente, peleón, ingenioso, lletra-ferit, leal, sibarita, republicano y, lo más increible, del zaragoza con toda la pasión!. Cuando a través del facebook alguien comentó su muerte supe que era verdad, que parecía increíble lo que leía, pero que era verdad.

Un infarto  repentino del que no se recuperó. Me fui a  dormir pensando en él y esta mañana me desperté recordando a mi viejo amigo Try. Inolvidable.

Por si si eso fuera poco, alguien muy, muy querido de mi juventud perdió por completo su sitio en nuestro mundo y está ingresada en un hospital de salud mental. Llevaba mucho tiempo perdida y no es algo que me sorprenda, pero me ha golpeado un agudo dolor porque sé que estuvo sola todos esto años, que se perdió hace mucho gracias a nuestra mentira social heredada de lo peor del franquismo y nunca recuperó su sitio.

Una personas inteligente- estudiamos juntas-  una magnífica profesional hasta que fue perdiendo el suelo que pisaba por creer que las cosas que iban mal en su vida privada eran culpa suya y no de quien estaba a su lado. Jamás se consideró a la altura de sus parejas, cuando en realidad fueron sus parejas lo más despreciable que recuerdo. La primera, porque no eran buenos tiempos para los homosexuales. La segunda y definitiva, que acabó con ella, porque jamás se mostró satisfecho de nada de lo que ella hacía o decía y ella se autoculpó de su escasa valía. Ha sido un proceso muy largo que empieza con sus 17 años y ahora, más de cuarenta años después, la deja encerrada. Solo espero y deseo que alguien, lejos de su maltratador por omisión, consiga hacerla ver que vale mucho. Muchísimo.

No ha sido la mejor semana. He vuelto a recordar lo peor de nuestra adolescencia, todo lo que no entendíamos y nos dejaba indefensas ante la realidad que no se parecía en nada a lo que nos habían enseñado padres, curas, profesores y todo lo que nos rodeaba. Y he mencionado eso más veces tratando de analizarlo  con distancia.

Yo la quería mucho y de hecho, tras perdernos la pista por lejanía territorial, cuando apareció Facebook fue la primera persona que busqué. Desde entonces solo nos vimos una vez  y  hablamos varias, pero ella ya estaba lejos en un mundo que no se parecía en nada al  día a día, porque ese día a día no lo soportaba, siempre pensando que era por culpa suya que fuera todo tan mal.

En fin supongo que para mi ha sido una suerte encontrar siempre personas que nunca me hicieron sentir mal conmigo misma y sobre todo estar con quien  propició y apoyó mi empoderamiento personal sin cuestionarme las decisiones, excepto cuando, en un arrebato pasional, propuse que lo mejor era dejar mi carrera, aún iniciándose, y dedicarme a él,  a lo que me respondió “si quieres odiarme el resto de tu vida, hazlo”.  Eso fue hace 35 años y sigo volando sin ninguna cortapisa. No me imagino de otra manera.

Hablo de mi porque me cuesta asumir todo el dolor e insatisfacción que acabó con mi amiga querida que nunca entendió por qué después de tanto esfuerzo en  ser perfecta, mimetizándose con los gustos y creencias de quien siempre estaba insatisfecho de todo lo que le rodeaba, perdiendo su propia identidad para poder sacarle una sonrisa alguna vez, nunca lo logró y hoy el resultado es su ingreso en una clínica. Al menos, lejos del torturador, igual recuerda quien es ella misma. No lo sé.

Se me confirma, cada vez más,  la importancia de aquellos años setenta con más sombras que luces, que nos han atacado y, en casos como este, derrotado.

Seguimos empeorando

Algunos días se acumulan un montón de situaciones de esas  que te quitan la palabra.

Por la mañana escucho a dos compañeras hablar sobre el terrible suceso del asesinato de una mujer y dos hijos perpetrado por el marido y padre de la familia, que después se suicidó: “que habrá pasado por la cabeza de ese hombre para realizar esa barbaridad” “Es terrible” “antes no pasaba esto. Las relaciones entre hombres y mujeres eran diferentes”….por fortuna alguien llamó al teléfono y se acabó la conversación sin darme tiempo a recuperarme de la estupefacción. Gente joven, con formación que, por su trabajo, están viendo cada día realidades familiares tremendas de todo tipo.

También hablé con una compañera que asistió a los actos de un ayuntamiento conmemorando el Día Internacional de la Mujer y salió abochornada porque, además de una mesa redonda moderada por un chico cuyo cerebro ignoraba que existe el concepto de perspectiva de género y, lo que es peor, las mujeres que participaban en ella tampoco lo conocían,  tuvo que presenciar una obra de teatro costumbrista con la que la gente, políticos y políticas presentes incluidas,  se reían a grandes carcajadas en un diálogo en el que no cabían más estereotipos machistas. Estaba horrorizada y no sabía que hacer. Yo le dije que felicitara a la concejala de turno y le dijera que había sido todo un éxito programar una obra de teatro en la que no eran posibles más expresiones machista, para demostrar a la gente que asistió lo que era el machismo en el día a día. Se sorprendió e, inocentemente, me pregunta si creo que la programaron por esa razón. Cuando entendió la ironía afirmó que no se sentía  con fuerzas para plantearlo así. Estaba desarmada porque, además,  donde ella trabaja estaba preparando una serie de actividades con el mismo motivo y una de las trabajadoras que colaboraba, cuando acabaron los preparativos y el programa comentó asustada “van a pensar que somos feministas!” algo que las otras dos confirmaron “lo somos” mirándola estupefactas.

Y como guinda  alguien comentó  en una conversación distendida “es que eso es la vida. Carmen Posadas dice que la vida es una manta pequeña que cuanto te tapa los pies te destapa la cabeza, y yo por fin ya llegué a asumirlo ” a esto otra personas  dice  orgullosa “esa es la frase que tiene mi hija en el whassap”.

Yo estaba lo suficientemente agotada para responder  que será por eso por lo que ella se compró una manta muy grande casándose con uno de los mayores “beneficiados”por esta”transición demócrata” que nos toca vivir y ya no se le destapa la vida por ningún lado.

Hay días que machacan, descontando las noticias  de los medios que no tienen desperdicio como por ejemplo la absolución a un tipo que violó a una mujer pero no disfrutó del acto. Pero las actuaciones “modélicas ” de los jueces, sean de donde sea, no son novedad tampoco.

Y para culminar la semana me envían, dos personas distintas, un audio  en el que una mujer con acento andaluz narra con voz aterrada que  últimamente te drogan y te envían al paraíso donde te hacen disfrutar de todo tipo de placeres, sacándote de  tu  cómodo día a día en tu casa cuidando a los tuyos, y tiene que avisar a sus amigas de semejante horror! (creo que es algo así porque no lo escuché entero  inmersa en el mayor estupor). Cuando di mi opinión sobre la poca gracia que tenía algo así con la que está cayendo en el tema de violaciones y demás, me responden que es humor que me pongo como los que encarcelaron a los titiriteros o el juicio de Carrero Blanco, porque “a uno y otro lado” estamos en plan intransigente y susceptible y este país empieza a dar miedo, y menos mal que la hizo una “humorista”…

La maldita equidistancia inventada por los historiadores demócratas actuales, de nuevo. Es lo mismo un sistema político y judicial con una ley mordaza detrás apuntalándo, te condene y te metan en la cárcel, que a mi me parezca que ese audio no tiene ninguna gracia.

Lo cierto es que me hace dudar de si en efecto seré una intransigente y en realidad, como no lo escuché bien, tiene gracia.

Será la edad que me resta sentido del humor sin sentido.

Let it be…

Como la poesía aparece cuando no la buscas, incluso, hoy me apetece compartir una de las más bellas que conozco y, además, escucharla de nuevo.

Es una filosofía de vida que comparto por completo y Mikel Laboa uno de mis  poetas  favoritos. Hay que  escucharla en la musicalidad del euskera.

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro.
hegoak ebaki banizkio
neria izango zen, ez zuen alde egingo baina nonela, ez zen gehiago txoria izango
eta nik, txoria nuen maite

Tralalalalalalalalalalalala..

 

let her go, let him go…

Me llena de felicidad pensar que te ha quedado un buen recuerdo, algo que mereció la pena vivir aunque fuera en unos tiempos en los que mantener una relación era muy complicado, al menos así lo percibo  ahora intentando explicarme mis reacciones contradictorias. Todo el tiempo luchando con un  tsunami que arrasaba, mientras  intentaba contenerlo con todas mis fuerzas.

Era el deseo. El deseo que afloraba y se empeñaba en luchar contra la realidad. Nunca supe encauzarlo y pasaba, sin aviso, de dejarme llevar al miedo. Miedo exacerbado a las consecuencias debido a mi total y absoluta ignorancia. Y eso que leía ávidamente buscando saber, empaparme como una esponja. Pero leía cosas erróneas (te acuerdas del famoso libro del joven? yo aún recuerdo tu estupefacción al recibirlo.)

Si alguien se cree que ese miedo desaparece rápido que me  diga cómo, porque condicionó mis dos mejores años de adolescencia e incluso sobrepasó ese tiempo.

No me cansaré de repetirlo: tanta ignorancia destruyó nuestra juventud. Cuando alcanzamos el control sobre nosotros y hacemos lo que realmente deseamos  han quedado lejísimos aquellos años.

También es posible que deba de  añadir  que yo era lentita y me costara entender lo que me pasaba, porque reconozco que había mucha gente que no se planteaba ninguno de mis miedos y se dejaba llevar por sus impulsos. Parecía que dominaban muchas cosas que yo desconocía en mi  ignorante mojigatería.

Todavía hoy me resulta  imposible hacer algo sin haberlo entendido antes.

Así y todo quedan buenos recuerdos,  buenos momentos que no fueron mejores porque todo alrededor  estaba en contra.  Cuando no era un policía local que nos pedía el carnet por estar besándonos de noche en una esquina donde no pasaba nadie, era un camarero que nos reñía por cogernos de la mano en su local alegando “que hay niños..” o sencillamente nos dejaba una tarjeta con un mensaje invitándonos a dejar de besarnos en un sitio donde tampoco había nadie más que nosotros. El entorno no ayudaba, desde luego, y la sensación de culpa convertía el placer de besarse -que yo acababa de descubrir y me tenía atrapada- en algo reprobable socialmente y todo eso se percibía también en el lenguaje del grupo que frecuentábamos.

Y aprendí mejor a decir lo que debía, lo que  suponía  que se esperaba de mi, que lo que quería. Y lo hacía con toda seguridad, como si creyera realmente que era lo correcto. Tardé mucho en desprenderme de ese lastre. No creo haberlo conseguido totalmente.

Cuando, mucho después, vi películas y leí libros que hacían referencia a este tipo de situaciones, supe que era un atavismo ancestral en las mujeres en el siglo XIX, al que nos trasladó el franquismo y que, en sus últimos años, permanecía  dando coletazos  con idéntica intensidad.

Pero a pesar de habernos mutilado la frescura y la espontaneidad -supe tarde que no tenían razón, que la razón era nuestra- los buenos recuerdos están por encima de todo lo que buscó cercenar aquellas emociones.

Por esa razón me parece maravilloso que tú  también te hayas quedado con  lo mejor, a pesar del tiempo que ha pasado.

Gracias por este regalo inesperado -a menudo pienso que la única que guarda recuerdos soy yo- que interpreto como un  guiño que me haces, mientras mi eterna inseguridad me dice que, a lo peor, solo querías que practicara mi inglés con una canción bonita.

Ahora la diferencia está en que me importa más ser capaz de verbalizar los  recuerdos que ha desencadenado esta canción, que cuestionarme tus motivos.

Es un placer saberte.

Se repite, y empeora, año tras año

8emeSe cumplieron todas y cada una de las expectativas de la autora aunque hay que decir que, sin quitar mérito alguno a su reflexión, era fácil. Es una situación reiterativa año tras año y sigue aumentado, más si cabe, con esto de las redes sociales, y parece no tener límites

Yo como cada año por estas fechas estoy desolada. Y no sé si es porque soy mas vieja o porque  este año superaron todas mis expectativas o por ambas cosas pero,  socialmente, estoy hecha un guiñapo anímico.

En mi entorno inmediato de trabajo, ni se menciona el Día Internacional de la Mujer (somos todas mujeres) como si no existiera. Bueno, tampoco se mencionan otras miles de cosas más del día a día, así que no debería sorprenderme. Es como si  al entrar en estos despachos nos aisláramos de la realidad, cada una centrada en sus miserias. Y lo peor es que lo agradezco: la última vez que hablamos de algo fue del encarcelamiento de los titiriteros que una trabajadora justificó y sus amigos, todos progresistas y de izquierdas según los definió, estaban de acuerdo con esa  actuación del poder. Yo dije que con esos amigos no necesitaba enemigos. Entendí la inutilidad de discutir  sobre el tema. No va a modificar su postura un ápice, como  demostró ante las cuestiones e interrogantes que le  planteé.

Desde entonces la sociedad no ha entrado en nuestras oficinas.quien-es-feminista-y-no-es-de-izquierdas-carece-de-estrategia-rosa-luxemburgo-1871-1919

 Lo peor es que últimamente me horroriza aún más la banalidad con que la progresía trata el tema de mujer, a través de carteles infantilizados cuando no  vomitivos, que la chabacanería habitual y conocida de la derecha, que nunca nos sorprende pero puede superar año tras año nuestras peores perspectivas sobre ellos.

Menos mal que acabo de leer el blog de Clara y pienso que, al borde de los 17, esta mujer me hace concebir alguna esperanza en el futuro. Tenue, porque me consta que alguien como ella es muy poco frecuente. Hasta, si me apuras, nada frecuente.

Solo un poco aquí

El horrorLlevo unos días pensando que me cuesta cada vez más sentir sensaciones. Todo transcurre fuera y es como si llenara el espacio completamente. No deja tiempo  ni lugar para las emociones esas que, para bien o para mal, agitan  intensamente el ánimo.

Esta fría mañana al llegar al trabajo nos informan que un compañero muy querido de 57 años se entierra hoy. Rotura de aorta y no superó la operación. Era vital, agradable, generoso, eficiente. Trabajar con él fue  una suerte así que la noticia nos ha dejado sin habla.

Yo pensé en voz alta “con la cantidad de hijos de la gran puta que siguen vivos!”… y no me refiero a los políticos, que también. De esos me sobran el 95%, siendo generosa con los que no considero prescindibles.

Total que si para sentir algo de eso que  te descoloca completamente por dentro es necesario que muera alguien a quien aprecias como persona y compañero, prefiero convertirme en un corcho.

Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

Hasta siempre Luis Casillas. Fuiste un soplo de aire fresco entre tanta burocracia.