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Desaprender estereotipos

El caso de Weinstein ha hecho que Hollywood se rasgue las vestiduras como si se tratara de una novedad nunca vista. Cuando tenía 13 años leí El Valle de las Muñecas , una de las muchas novelas que devoré en aquella época,  y me pareció un mundo absurdo, lejano y muy ajeno a mi vida.  Como un relato de adultos que daba miedo, aunque no entendía muchas cosas, así que no le di más vueltas. El horror también era una constante en los cuentos infantiles.

Hubo una película a finales de los sesenta, pero si la vi no la recuerdo.

Años mas tardes escuchas anécdotas como que Marilyn, contrato en mano, dice a gritos “esta es la última polla que chupo”… o que Katherine Hepburn  estuvo con el nefasto Howard Hughes, como muchas otras mujeres bellas, inteligentes y buenas actrices. Sería casualidad… o amor, claro.

En España se rumorea que había también mucho “ambiente” pero nuestra cultura del día a día nos hizo imaginar que el tema era propio de “ese mundo” y, por supuesto ellas, todas mujeres de vida alegre que en nada se parecía a nosotras, que solo padecíamos el acoso del jefe con comentarios con segunda intención, muy de los setenta, que obviábamos para que las cosas no pasaran de  ahí. En realidad no creíamos que era acoso sino parte de las cosas habituales que hacían los tíos mayores ante una chavala de 18 años con la que convivía 7 horas cada día y a la que le daba órdenes porque era el jefe.

 Me consta que hubo casos de gente que recibía en un hotel a las “chicas” que enviaban el currículum respondiendo a un anuncio de empleo. Era una cuestión de poder en todos los casos pero el mundo de la farándula nos quedaba lejos y no relacionábamos. Así éramos de subdesarrolladas.

Hoy Hollywood cree que tapa el escándalo expulsando a unos de los ricos más cerdos, o viceversa, de su meca, cuando espero que solo se haya abierto la caja de pandora de una vez. Por mucho que Oliver Stone hable de presunción de inocencia.

Y como no hemos salido  del subdesarrollo porque somos incapaces de relacionar lo que supone la fuerza del patriarcado, hay que leer comentarios como:  “así que se tiró a todas esas macizas” “bueno ellas también tuvieron su parte de culpa porque se aprovecharon para triunfar” “y por qué no lo denunciaron antes?”…

Y a una le entra una desolación sin límites porque seguimos fracasando en el intento de romper el estereotipo diseñado para culparnos una y otra vez, logrando que nos tiremos de los pelos unas a otras y nos pongamos zancadillas, mientras los hombres siguen siendo los héroes y, sobre todo, los que marcan nuestra manera de no pensar. Porque no pensamos. Es más  fácil tirar de estereotipo.

Total que hoy me siento hundida doblemente pero me niego a hacer  razonar a quienes en todo este tiempo no han aprendido nada y se siente muy satisfechas de haberse conocido. Hay material suficiente publicado y fácilmente localizable Miguel Lorente, Barbijaputa, Mujeres en red . Vamos, que quien no se entera es porque no quiere y, desde luego, habrá que empezar a aprender a desaprender el pensamiento social imperante de una puñetera vez. O es que además somos idiotas???

 

 

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Argumentos inconsistentes, gritos ensordecedores

forgestrabajoHace un par de días entré en una librería del pueblo porque  no puedo dejar de pasar por allí de vez en cuando a mirar. A pesar del kindle, del e-book me siguen apeteciendo los libros de papel.

Andaba yo  buscando por las estanterías (hay que ver cuanta basura se publica de gente que no tiene nada que decir y lo hace en tomos gigantescos)  cuando llegó una señora con malos modos preguntando por un sorteo que pensó que ya se había celebrado pero la fecha  era en marzo.  Se dio la vuelta farfullando por haberse equivocado y salió como entró: sin saludar ni despedirse.

La dueña de la librería se lamentó de la constante crispación que manifestaban las actitudes de la gente. Yo le respondí que estábamos todos de mal humor, algo comprensible por otra parte, pero que había personas que además de mal humor tenían necesidades y, como aún estábamos a día 8,  no habían cobrado el “paro”, porque los bancos durante 10 días se dedican a sus gestiones de mejorar su rentabilidad con el dinero  que el día 1 se ingresa desde el estado para repartir en las diferentes cuentas de gente que cobra casi limosna. Pero hasta el día 10 no lo cobran. Ese dinero, cuenta  a cuenta es una miseria, pero todas juntas y durante 10 días suponen una importante fuente de intereses (la banca gana siempre).

La falta de dinero contante y sonante (cash que dicen los modernos), ya la había detectado en el supermercado por el que había pasado antes. No había nadie. En cambio el sábado siguiente, 11, estaba abarrotado con carros totalmente llenos.

Por un lado la gente no tiene dinero, está de mal humor y apenas invierte un segundo en saludar ni en eso que llaman educación. Demasiado ensimismada en sus problemas.

La falta de empleo crea ambientes poco amables y hace que nos miremos todos de reojo.

Lo peor es que cuando hay empleo  tampoco mejoran mucho las cosas. El centro de salud mental está a rebosar de empleados/as con tratamiento médico. Ya no es un sitio para locos. Es un sitio para trabajadores que se enfrentan día a día a situacionacosoes  de acoso, malestar, envidias, rencores y todo tipo de zancadillas.

Los jefes siguen, como capataces negreros de época, pensando que gritar y dar ordenes con voz amenazante continúan siendo las señas de identidad del que manda. Sobre todo cuando desconocen por completo la labor de los que creen sus subordinados. Entonces gritan aún más y descalifican  machaconamente la capacidad de trabajo y el saber hacer del personal que es quien, en resumidas cuentas, saca las castañas del fuego. Siendo personas no sería más fácil trabajar?. Pero lo de ser persona es algo que casi nadie consigue, por más que se empeñen en asegurar ” es que yo soy una persona…”.

 Me pregunto qué necesidad hay de arrastrar por los suelos la profesionalidad de los demás para intentar demostrar que ellos sí saben de que hablan. Para mi es el indicativo de justamente lo contrario: no saben de que va el tema y por eso gritan. Como el jesuita que preparaba su discurso y en algunos puntos añadía el comentario: (argumento de escasa consistencia, gritar mucho).

Y cuando los argumentos les  fallan suelen tener la costumbre de ignorar a quien se le ocurre  manifestar libre y públicamente un pensamiento diferente del suyo. Entonces ellos mismos crean sus propios rencores hacia los que se manifiestan de manera diferente.

Y es que aún no hemos superado el maldito treintayseis y pensar diferente del que manda sigue siendo condenable pero, además, tenemos que aguantar a los  los políticos cada día en sus guerras particulares con el “pues anda que tú”, como todo razonamiento.